The Economist:" Emprendedores Anónimos"

The Economist:” Emprendedores Anónimos”

Emprendimiento

Hace 7 años, Joe Jonas (nombre ficticio), dejó su trabajo en una gran compañía listada en NASDAQ para emprender. Estaba hastiado de la vida corporativa y quería probarse a sí mismo. No obstante, ser emprendedor resultó ser más difícil de lo que él se había imaginado; una sucesión de obstáculos, frenos y callejones sin salida más que un camino de prosperidad. Él sintió que había perdido su mando de control, es decir, todas las cosas que su ex empleador le había entregado; desde soporte administrativo hasta una red de contactos. Joe tuvo que aprender cómo hacer ciertas cosas que nunca antes se le habían ocurrido. La responsabilidad de reunir el dinero para pagar los sueldos a fin de mes le resultaba abrumadora. Asimismo, la preocupación sobre cada detalle de su vida -¿podría mantener su auto o pagar la hipoteca de la casa?- era también estresante. Entonces, comenzó a beber. Luego, se unió a Alcohólicos Anónimos y logró transformar su negocio en un éxito. No obstante, hay muchos otros emprendedores que no han sido tan afortunados como Jonas.

Hoy, se dice que los emprendedores están de moda y se habla de ellos desde una visión “romántica”. Los profesores de negocios celebran el ingenio de aquellos que han roto las reglas y han cambiado el mundo; los políticos los alaban como generadores de riqueza y las revistas sensacionalistas hablan de la villa de Richard Branson en el lago Como. Pero la realidad puede ser tan romántica como desagradable; quienes fundan una empresa por primera vez, tienen cero seguridad laboral, económica y vida social. Phil Libin, el líder de Evernote, un servicio de almacenaje de documentos, dice que “es un proceso extremadamente complicado pues no tienes balance trabajo/vida personal, tiempo para tu familia y nunca vas a trabajar más duro en tu vida”. Aaron Levie, el fundador de Box, una firma de almacenaje en la nube, dice que pasó durmiendo dos años y medio en un colchón en su oficina y comiendo pastas instantáneas. Vivek Wadhwa, un emprendedor que se convirtió en académico, tuvo un ataque al corazón cuando tenía 45 años. Y, más de la mitad de las startups americanas se han disuelto en un plazo de 5 años.

La mayoría de los sobrevivientes tropiezan. Shikhar Ghosh de Harvard Business School descubrió que tres cuartos de las startups financiadas con capital de riesgo, no son capaces de devolver el dinero invertido en ellas. Menos aún son capaces de generar un retorno positivo. En el año 2000, Barton Hamilton de la Universidad de Washington comparó la distribución, en un período de 10 años, de los ingresos de los americanos empleados y de los emprendedores y concluyó que los últimos ganaron un 35% menos.

Incluso el éxito puede llevarte a cierto fracaso. La mejor manera de evitar la soledad del emprendedor es fundar tu empresa con un amigo, pero esto frecuentemente lleva a luchas por el poder y el dinero como ya se ha visto en casos tan emblemáticos como el de Facebook. La mejor manera de hacer frente al crecimiento es contar con más inversionistas y contratar más directivos profesionales. Pero esto usualmente te lleva a una pérdida de control, razón por la cual muchos fundadores aún son CEO cuando sus compañías se han abierto a la bolsa.

Tales complejidades podrían imponer una tensión emocional incluso a las personas más balanceadas. Pero parece ser que el promedio de los emprendedores está lejos de ser balanceado. John Gartner, quien enseña psiquiatría en la Universidad Jhons Hopkins, sugiere que un desproporcionado número de emprendedores puede sufrir hypomanía, un estado psicológico caracterizado por la energía y la autoconfianza pero también por la intranquilidad de asumir riesgos. Numerosos estudios confirman que aquellos son propensos a un “sobreoptimismo”. Guy Kawasaki, un inversionista, dice que cuando un emprendedor promete hacer 50 millones en 4 años, él añade un año extra y divide los ingresos por 10. ¿Qué se puede hacer para lidiar con el lado oscuro del emprendimiento? Wadhwa sugiere a los fundadores de compañías realizarse chequeos médicos constantes, realizar deporte y aprender a relajarse. “Puede que tú no creas en algo llamado balance trabajo y vida pero tu cuerpo sí lo hace”.

Jones sugiere que las personas que comienzan su propia empresa deben considerar seriamente construir redes de conexión sociales ya que la idea de ser exitoso de manera aislada es una ilusión peligrosa. Los emprendedores necesitan amigos en quienes apoyarse y mentores que los guíen. La asociación de emprendedores de Estados Unidos, que tiene más de 10.000 miembros en 46 países organiza reuniones en las que aquellos pueden hablar acerca de sus problemas tanto emocionales como de negocios. La Fundación Kauffman, una organización americana sin fines de lucro que estudia y promueve el emprendimiento, realiza cursos online sobre “cómo sobrevivir a la vida emprendedora”. Muchos libros también se han escrito al respecto. No obstante, los golpes que se reciben como emprendedor deben también aprenderse en la experiencia misma. Dean Shepherd de Kelley School of Business dice que los emprendedores que fracasan pasan por un proceso similar al que se vive luego de una muerte o un divorcio.

Ellos deben aprender cómo reparar sus vidas y enfrentar su pérdida para recuperar su dinero y aprender de sus errores. La paradoja de la actual romántica visión de los emprendedores nos lleva a subestimar sus logros. Los emprendedores deberían tener una mayor conciencia de los riesgos que enfrentan al empezar un negocio. Pero la sociedad también debería tener más respeto por las personas que sacrifican su vida para construir algo desde la nada.

Artículo traducido del original publicado en “The Economist”: “Entrepreneurs anonymous”:

http://www.economist.com/news/business/21618816-instead-romanticising-entrepreneurs-people-should-understand-how-hard-their-lives-can

Imagen: Business photograph designed by Jcomp – Freepik.com

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